Descripción
El municipio se encuentra situado «en una hondonada o falda de unos cerros que le circundan principalmente por el N. y E.»3 Las tierras del norte del término, circundantes a la localidad en sí, son terrenos de cultivo donde predomina el olivo, en dirección sur comienzan a aparecer cerros de mediana altura que acaban convertidos en grandes montes al sur del término, culminando en los 1.448 metros del Pico Rocigalgo, en las faldas de éste el río Pusa posee la cascada del Chorro.
Pertenece a la comarca de La Jara y linda con los términos municipales de Horcajo de los Montes y Helechosa de los Montes al sur, en las provincias de Ciudad Real y Badajoz respectivamente, Retamoso de la Jara, Santa Ana de Pusa al norte, Los Navalmorales al noreste, Hontanar al este y Robledo del Mazo, Espinoso del Rey y Torrecilla de la Jara al oeste, en la de Toledo.
Se encuentra en el valle del Pusa, río alimentado por los numerosos arroyos que discurren por su término como el del Chorro, afluente del Matón, Navalpoyo, Colmenar, Vando Lázaro, Azorejo, del Valle, Chaparroso, Charco del moro, Gargantilla, Posadilla, Posadero, Estenillas o Valdefuentes. Al sur de la población se encuentra el embalse del río Pusa. Sus puntos más altos se encuentran en el Corocho de Rocigalgo con 1.448 msnm (que es a su vez el más alto de la Provincia de Toledo), Cerro de Talega con 1.321 msnm, Risco del Barrero con 1.116 msnm, Colmenillas con 1.011 msnm, y el Risco tambor con más de 800 msnm.
Desde principios de la década de 2000, gran parte del término municipal está incluida en el Parque Nacional de Cabañeros.
El pueblo se fundó entre 1142 y 1209, según un documento de Alfonso VIII en el que cita dicho lugar. Los orígenes, en cuanto a vida organizada, delatan por estas tierras el paso de la civilización romana. Posteriormente, los "lucillos" (sarcófagos de piedra) son el legado arqueológico dejado por visigodos y mozárabes. De ahí el nombre de Navalucillos; "nava" proviene de tierra fértil y "lucillos" de los sarcófagos.
En el año 1492 con la expulsión de los judíos, muchos de ellos se asientan en estas tierras dejando como legado algunas costumbres que se conservan hasta el día de hoy, como la de "hacer el Sábado", es decir, dedicar este día a la limpieza general de la casa. También nos dejaron los bollos de aceite, el jalbiego de las casas y alguna higuera que otra sembrada en los patios, por aquel entonces denominados "corrales", que por supuesto nada tenían que ver con las pocilgas de los animales.
Entre los siglos XV y XVII Los Navalucillos lidera la comarca con una situación de continúo crecimiento, convirtiéndose así en punto de mira de los movimientos migratorios, sobre todo de la Extremadura más pobre.
Los Navalucillos se convierte en la tierra del Aceite, del queso y de la miel.
El momento de mayor esplendor de la localidad fue el siglo XVIII cuya unión eclesiástica, lograda por el Cardenal Lorenzana, fue secundada por una unión administrativa de los dos Navalucillos, Navalucillos de Talavera y Navalucillos de Toledo.
La localidad vive su momento de gloria en los años 70 contando con una población aproximada de 5.000 habitantes. En la actualidad, Los Navalucillos intenta retomar aquellos momentos de esplendor, promoviendo actividades orientadas al Turismo Rural.